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Dime pronto el secreto de tu existencia; quiero saber por qué la piedra no es pluma, ni el corazón un árbol delicado, ni por qué esa niña que muere entre dos venas, no se va hacia el mar con todos los buques. Quiero saber si el corazón es lluvia o margen, lo que se queda a un lado cuando dos se sonríen, o es sólo la frontera entre dos manos nuevas que estrechan una piel caliente que no separa. Flor, risco o duda, sed, sol o látigo: el mundo todo es uno, la ribera y el párpado, ese amarillo pájaro que duerme entre dos labios cuando el alba penetra con esfuerzo en el día. Quiero saber si un puente es hierro o es anhelo, esa dificultad de unir a dos en lo cotidiano, esa separacion de dos personas tocadas por una flecha nueva, surtida entre lo verde. Musgo o luna es lo mismo, lo que a nadie le sorprende, esa caricia lenta que de noche a los cuerpos recorre como pluma o labios que ahora llueven. Quiero saber si el rio se aleja de si mismo estrechando unas formas en silencio, catarata de cuerpos que se aman como espuma, hasta dar en el mar como el placer cedido. Los gritos son estacas de silbo, son lo hincado, la desesperación viva de ver los brazos cortos alzados hacia el cielo en súplicas de lunas, cabezas doloridas que arriba duermen, bogan, sin respirar aún como láminas turbias. Quiero saber si la noche ve abajo cuerpos blancos de tela echados sobre la tierra, rocas falsas, cartones, hilos, piel, agua quieta, pájaros como láminas aplicadas al suelo. Quiero saber altura, mar vago o infinito; si el mar es esa oculta duda que me embriaga cuando el viento transpone crespones transparentes, sombra, pesos, marfiles, tormentas alargadas, lo morado cautivo que más allá de ser invisible se debate, o jauría de dulces asechanzas, quiero saber porque el tiempo no se cuenta en espacio, y porque el espacio no se convierte en tiempo.











